Frío, gripe y pequeños males: ¿Cómo proteger a tus hijos del frío?

¿Por qué los niños son más
sensibles al frío?

En invierno, los niños son naturalmente más frágiles. Su sistema inmunitario está aún en desarrollo y, con el frío, pasamos más tiempo en espacios cerrados, secos y poco ventilados, donde los virus circulan con mayor facilidad. Las bajas temperaturas y la falta de luz también prolongan la vida de estos pequeños virus.

Proteger bien a tu hijo del frío en el día a día

Adoptar la regla de las capas

En invierno, es preferible superponer varias capas en lugar de optar por una sola prenda muy gruesa. Opta por 2 o 3 capas diferentes. Este método permite conservar el calor evitando la transpiración y ajustar fácilmente la ropa del niño según la temperatura y su actividad.

Para saber si el bebé está bien calentito, no hace falta fijarse en sus manos ni en sus pies. El buen reflejo: tocar su nuca o la parte alta de su espalda. Si están calientes, es que todo va bien.
Después de un paseo, recuerda siempre retirar la ropa húmeda y cambiar al bebé si hace falta, para garantizarle comodidad y calor.

¿Cómo saber si mi bebé tiene frío?

Crear un entorno que proteja
del frío y de los virus

En casa, una habitación mantenida entre 18 y 20°C ofrece el equilibrio ideal: suficientemente caliente para proteger al bebé del frío, sin resecar el aire ni sobrecalentar la habitación. Una temperatura perfecta para preservar su comodidad, su salud y la calidad de su sueño.

Una temperatura adecuada

Un aire más sano para limitar las infecciones

En invierno, vivimos más en el interior, en habitaciones a menudo bien calefactadas. Sin embargo, ventilar sigue siendo esencial. Abrir las ventanas 5 a 10 minutos al día, incluso cuando hace frío, es suficiente para renovar el aire, reducir la humedad y limitar la circulación de los virus del invierno. Lo ideal: ventilar por la mañana o después de volver del colegio, cuando la casa retoma su ritmo.

La ropa de cama y los textiles del día a día también merecen toda tu atención. Sábanas, mantas y tejidos en contacto con los niños pueden retener fácilmente la humedad, los ácaros y los microbios. En invierno, piensa en lavarlos regularmente, en secarlos bien antes de volver a usarlos y en priorizar materiales fáciles de cuidar. Pequeños gestos sencillos para mantener un entorno más saludable y proteger a los niños de los pequeños males del invierno.

Lavar para deshacerse de ellos

Fortalecer su organismo

El sueño, un aliado para no ponerse enfermo

Un sueño de calidad ayuda al cuerpo de los niños a recuperarse y a fortalecer sus defensas naturales. Establece una rutina nocturna: baño tibio, momento tranquilo, entorno suave… Esto favorece un descanso reparador, esencial para resistir mejor a los virus del invierno.

En invierno, la alimentación juega un papel fundamental para ayudar a los niños a pasar la temporada en plena forma. Algunos nutrientes sostienen especialmente sus defensas naturales. La vitamina C, presente en las naranjas, los kiwis o el brócoli, ayuda al organismo a hacer frente a los virus. La vitamina E, que se encuentra en los huevos, la leche o el maíz, contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunitario.

En el día a día, no hace falta controlarlo todo: basta con integrar estos alimentos de forma sencilla en las comidas. Una fruta fresca en el desayuno, verduras en los platos del mediodía… ¡pequeños gestos que marcan la diferencia!

La alimenta
-ción para reforzar las defensas

En invierno, la calefacción tiende a resecar el aire de la casa y puede provocar una ligera deshidratación en los más pequeños. Aunque pidan menos de beber que en verano, su cuerpo sigue necesitando agua para funcionar bien y resistir mejor a los pequeños males de temporada. Piensa en ofrecer agua regularmente a lo largo del día, en llenar su botella para el colegio y en estar atento a los signos de deshidratación como la boca seca, el cansancio o una piel más sensible

¡La hidratación, incluso cuando hace frío!

las frases de tus pequeños

« Mamá, ven a ver afuera, hay unos jordan » (gendarmes) - Lou, 5 años

« ¡Mamá, hay que coger mi chaqueta al guijarro, está lloviendo! » - Julia, 3 años

« El pollo está delicioso mamá, me súculo » (es suculento) - Armand, 3 años

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